La protagonista de esta entrevista, la doctora Nawal El Saadawi, una de las más conocidas feministas y disidentes políticos del mundo árabe, nació en 1931 en Kafr Tahla, una aldea al norte de El Cairo.
Psiquiatra de profesión, alcanzó celebridad mundial en 1972 con su libro Women and Sex, que abordaba el tabú de la sexualidad de la mujer y que le ocasionó el cese como directora de Salud Pública de Egipto.
Perdió, asimismo, sus puestos como editora jefe de la revista médica
Health, y como vicesecretaria general de la Asociación Médica Egipcia. Desde entonces, sus muchos libros y novelas, la mayoría centrados en temas sobre la sexualidad de las mujeres árabes y musulmanas, en el contexto de una autoridad y tradición religiosas represivas la han convertido, al mismo tiempo, en objetivo del régimen laico egipcio y de las autoridades religiosas islámicas.
En 1981, el presidente Anwar el Sadat encarceló a El Saadawi tras sus críticas públicas a la firma de la paz unilateral con Israel y de su política económica interna. Una vez liberada en 1982, fundó la Asociación de Solidaridad con las Mujeres Árabes- primera organización legal feminista independiente, dedicada a la promoción de la participación activa de la mujeres en la sociedad árabe. Pero, tan pronto como la Asociación se opuso a la Primera Guerra del Golfo en 1991, fue prohibida por la autoridades egipcias.
El año 2001, los religiosos conservadores llevaron a El Saadawi ante los tribunales para anular su matrimonio con el novelista Sherif Hetata, acusada de que sus declaraciones públicas y sus escritos la situaban al margen del Islam. La causa fue archivada posteriormente tras la protesta internacional de organizaciones de derechos humanos.
El Saadawi sigue viviendo con su marido en el barrio obrero de Shubra al noroeste de El Cairo.
Women's eNews: Usted y su marido han sido objetivo de los extremistas que han intentado conseguir su divorcio acusándoles de apostasía. ¿Cuál es su situación personal en estos momentos?
Nawal El Saadawi: Tuvimos mucho apoyo y ganamos el caso ante los tribunales. Yo siempre soy optimista. Cuando se es activo y se está en la lucha, a veces se gana. Perdí mi trabajo; intentaron que me divorciara; quisieron matarme; me encarcelaron, pero continúo ganando: todavía tengo voz y todavía escribo.
W.N: Recientemente, los medios de información egipcios han organizado un escándalo sobre la ley francesa que prohíbe elhijab, o llevar la cabeza cubierta, en las escuelas públicas, pero apenas hacen mención alguna sobre la violación de los derechos humanos y de los derechos civiles en Egipto. ¿Cree que la gente en general es consciente de estas contradicciones?
N.S.: Creo que la gente normal es totalmente conciente de estas contradicciones, ya que se trata de un movimiento político que se vale de las cabezas de las mujeres por razones políticas. El velo es un símbolo político y no tiene nada que ver con el Islam. No existe un solo versículo en el Corán que lo imponga de forma explícita. Mi padre, graduado por la Universidad de Al-Azhar [Principal Centro de Formación islámica en el Mundo Árabe, N.T.], nunca defendió el velo. Los que lo hacen utilizan a las mujeres como bazas en el juego político. Mucha gente es conciente de ello, pero el sistema educativo pone un velo en la mente. El velo de la mente es mucho más grave, de ahí que nuestro lema en la Asociación de Solidaridad con las Mujeres Árabes sea "Quitar el velo a la mente".
W.N.: ¿Cuál es su opinión sobre la reciente controversia acerca del decreto religioso egipcio del Jeque de Al-Azhar que apoya la posición del gobierno francés en la ley que prohíbe el uso del hijab en las escuelas públicas mientras que, al mismo tiempo, afirma que el hijab constituye un precepto religioso para las mujeres?
N.S.: Él ha cometido un error al decir que el velo es un precepto divino: si lo ha afirmado en serio entonces es que no conoce el Islam. Sin embargo la realidad es que él ha hecho una declaración política, porque sabe muy bien que no se trata de una ley divina pero se encuentra bajo la presión de saber que los fundamentalistas son muy poderosos, de manera que ha realizado una afirmación paradójica. Una parte de lo que dice es verdad: Francia es libre para hacer lo que quiera, pero otra parte de su declaración es errónea. Y esto resulta peligroso dado que él es la cabeza de la autoridad religiosa en el país, en consecuencia las mujeres deben llevar velo. No obstante, como muchas mujeres egipcias no siguen sus consejos- entre las que se encuentra la mujer del presidente Mubarak-, debería dimitir.
W.N.: ¿Qué diferencias existen entre las feministas de hoy y las de su generación?
N.S.: Ya no tenemos feministas. El feminismo para mí consiste en luchar contra el patriarcado y contra las clases; en luchar contra la dominación masculina y la dominación de clase. No distinguimos entre opresión de clase y opresión patriarcal. Muchas de las que se denominan feministas no lo son. No podemos ser liberadas, por ejemplo, si estamos bajo la ocupación estadounidense. Las mujeres actuales no son conscientes de ello.
En esta época, existe también el fenómeno de lo que yo llamo "falsa conciencia". Muchas jóvenes que se consideran feministas se maquillan, llevan tacones altos y vaqueros ajustados al mismo tiempo que se cubren con elhijab, lo que resulta muy contradictorio. Son víctimas a la vez del fundamentalismo religioso y del consumismo estadounidense. No tienen conciencia política. No son conscientes de la conexión existente entre la liberación de la mujer, por una parte, y la economía del país por otra. Muchas consideran al patriarcado su único enemigo e ignoran al capitalismo corporativo.
W.N.: ¿Por qué han fracasado las feministas y los intelectuales liberales egipcios en atraer el interés de las bases sociales de Egipto y por qué no existen en la actualidad movimientos de base independientes y activos?
N.S.: Las elites marxistas laicas y los grupos socialistas siempre han estado alejados de los campesinos y de la gente pobre. Estaban muy ocupados con estar a bien con los gobernantes y han dado la espalda al pueblo. Siempre hablan en nombre de las masas con el único objetivo de alcanzar objetivos políticos.
Sadat me encarceló junto con varios hombres. Con Mubarak se me ha colocado en una "lista negra", de manera que, aunque no existe una orden oficial que prohíba mi presencia, no puedo aparecer en los medios de información nacionales, es una regla no escrita. No existe oportunidad de que gente como yo sea escuchada por el pueblo.
Incluso las Organizaciones No Gubernamentales están controladas por el Gobierno. Cuando estuve en Mombai recientemente para asistir al Foro Social Mundial, se las llamaba "Go-En-Ghee-Ohs", es decir ONG gubernamentales. La mayoría de las ONG egipcias han sido absorbidas por el Gobierno. Tampoco existe un verdadero partido de oposición que represente los intereses de la gente e incluso el Tagammu', el considerado partido de izquierdas, fue creado por Sadat junto con otros partidos oficialistas. Todos los líderes políticos colaboran con el Gobierno.
W.N.: ¿Cuáles son los desafíos más importantes a los que deben enfrentarse hoy los progresistas?
N.S.: Los grupos progresistas deberían unirse. Estamos divididos y dispersos por lo que es necesario hacer esfuerzos en pos de la unidad. Los hombres y mujeres que luchan contra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial deberían hacerlo juntos. La resistencia local y la resistencia global no deberían estar separadas. Debemos dedicar mucha atención a la organización y a quitar los velos de las mentes. El nuevo y enorme poder de la gente tiene que organizarse. Tenemos que desvelar las mentes- como hace su revista en Internet-, para unir a gentes procedentes de distintos entornos culturales.
W.N.: ¿Existen fórmulas de compromiso entre las fuerzas islámicas progresistas y los movimientos no religiosos progresistas?
N.S.: Todas las fuerzas progresistas tienen puntos en común. La religión es un asunto privado. Un musulmán progresista es alguien que respeta todas las religiones, porque no politiza a su Dios. Dios no se encuentra en un libro. Dios es la justicia y la libertad, el amor y la honradez. Es lo que mi padre me enseñó: a ser honrada.
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