DESERCIÓN ESCOLAR
CONVENIENCIA POLÍTICA - ANALFABETISMO
El peor indicador de la decadencia argentina es la caída de su sistema educativo. Un sistema que en su momento fue orgullo y espejo de América latina, en la mayoría de cuyos países fue adoptada su concepción de la educación libre, laica y gratuita sancionada por la ley 1.420, a cuyo influjo y durante décadas nuestro pueblo se encontró entre los más alfabetizados del mundo, con niveles mínimos de analfabetismo funcional y de deserción escolar.
La situación actual es la otra cara de aquella brillante medalla. El último relevamiento poblacional realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) revela que más de 960 mil argentinos nunca fueron a la escuela. Existe casi un analfabeto por cada egresado universitario (hay 1.142.000 graduados). Una relación propia de países que padecen sistemas educacionales en crisis. El quiebre de la economía a fines de 2001 no sólo creó una enorme cantidad de ciudadanos que jamás acudieron a un aula, sino que aumentó sus efectos nocivos. Para miles de hogares acosados por la pérdida o caída de sus ingresos, mandar sus hijos a la escuela dejó de ser un derecho para transformarse en un drama.
Es verdad que la concurrencia de niños no disminuyó en la misma proporción que la deserción lisa y llana, porque los niños y los adolescentes acudían y acuden a las escuelas para recibir un plato de comida caliente y porque estas funcionan también como institutos de contención en una sociedad acorralada por la violencia. Los niveles de deserción son preocupantes: 3.696.000 argentinos nunca terminaron la educación primaria. Son parte de la larga legion de analfabetos funcionales: no poseen la capacidades de comprender lo que leen ni de expresarse con claridad, tanto en forma verbal como escrita. Y se ha agregado un nuevo problema, ya que los especialistas en educación han incorporado un nuevo ítem: el llamado “analfabetismo académico”, el que muestran ingresantes en las universidades que no pueden comprender lo que leen, expresarse, argumentar o entender una consigna. Toda esta cantidad de analfabetos son presa fácil del clientelismo político y las principales víctimas de explotación del trabajo precario y marginal. En la era de expansión del conocimiento, son ciudadanos de segunda categoría y, de alguna forma, estan condenados a una dura supervivencia en la miseria o sumergidos bajo la línea de pobreza. La lenta reactivación de la economía está generando un marcado proceso de retorno a las aulas de niños y adolescentes que vienen de hogares cuya situación material mejoró un tanto. Pero mientras no sea desterrada la duda acerca de la solidez y prolongación de esa recuperación, el fenómeno no podemos considerarlo como totalmente positivo. Dos hechos lo condicionan mucho: la evidente desaceleración del crecimiento y la inexistencia de una política educacional de Estado. De hecho, desde hace casi dos décadas la Argentina se da el triste privilegio de carecer de una política coherente de lucha contra la deserción escolar y el analfabetismo. Sólo se dictan normas que procuran responder a problemas circunstanciales, pero nunca un proyecto integral a mediano plazo, que es lo que este sistema educativo necesita. El problema es que siempre nos encontramos con un gran obstáculo: la idea de Analfabetismo Cero nunca es políticamente "conveniente".
Acoplamiento: http://www.brcnews.com.ar/
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